
Este año NASCAR hace su visita número 15 al escenario con más historia en el automovilismo norteamericano, el Indianapolis Motor Speedway. Construído en 1909, este óvalo de caracterísiticas únicas, será sede de la que hoy por hoy es considerada como la segunda carrera más importante del calendario de la Copa Sprint.
Uno de los hechos más trascendentales en la historia moderna de NASCAR ha sido sin duda esa primera visita a este imponente óvalo de 2.5 millas. En esa ocasión, un seis de Agosto de 1994, Jeff Gordon se llevó la victoria en una pista en la que él mismo desde niño soñó ganar, pero no en un auto de NASCAR sino en uno tipo Indy y en las 500 millas.
Dos años después del primero de cuatro triunfos de Gordon, exactamente en 1996, Todd Parrott, entonces jefe de mecánicos de Dale Jarrett en el equipo de Robert Yates, inició una de las más particulares tradiciones en Indianápolis cuando llamó a todo su equipo, piloto incluído, para que juntos se arrodillaran a besar la yarda de ladrillos que hay sobre la línea de meta para celebrar su victoria. Hoy en día hasta los ganadores de las 500 millas lo hacen también.
Ese acto que se dió apenas en la tercera visita de NASCAR a Indianápolis, demuestra la importancia que tiene para la categoría correr en un escenrio con tanta historia y además con tanto público. Cerca de 300.000 almas en el día de la carrera – tanto para la Indy 500 como para la Brickyard 400 - crean una atmósfera electrizante, propia de pocos eventos deportivos en el mundo.
Hasta el año pasado, Indianápolis era sede además del Gran Premio de Fórmula Uno de los Estados Unidos, el mismo en el que en 2003 Juan Pablo Montoya fuera penalizado – de forma exagerada, siempre he pensado – por un incidente con Rubens Barrichello en la curva dos, el cual le costó toda opción de título en la que fuera su mejor temporada en la máxima categoría.
Este año no hubo Fórmula Uno, pero si vendrá por primera vez el Campeonato del Mundo de Motociclismo con su Moto GP, Valentino Rossi, su archirrival Casey Stoner y el local Nicky Hayden como actor de reparto. Los anuncios promiviendo la competencia están por toda la ciudad y casi por momentos opacan la presencia de NASCAR durante el fin de semana.
Pero volviendo a la Copa Sprint, este fin de semana es tal vez el que más incertidumbre ha creado entre equipos y pilotos en este escenario desde que corrieron en él por primera vez. ¿La razón? Es la primera ocasión en la que se correrá con el nuevo auto en este óvalo casi cuadrado y de cuatro curvas en ángulo recto unidas por dos rectas largas y dos cortas.
A diferencia de Daytona y Talladega y tal vez similar a Pocono, en Indiánapolis no se corre con restrictores. Esto permitirá a quienes tienen más potencia sacar máximo provecho de ella, aunque por supuesto para poder hacerlo tendrán que encontrar el balance ideal en la puesta a punto del chasis para esas cuatro curvas de superficie muy uniforme, pero de poco agarre dado su escaso peralte.
Y hablando de potencia, tal vez a Toyota no le convenga del todo poner a galopar a tope sus ponys este fin de semana, sopena de un cambio en el reglamento similar al que NASCAR decidió implementar esta semana para la Nationwide después de encontrar que los motores Toyota desarrollaban 20 caballos de potencia más que los de sus constructores rivales.
Todo el mundo se ha venido preguntando quién va a ser capaz de detener a Kyle Busch y poner freno a su increíble racha victoriosa en en esta temporada de la Copa Sprint. A juzgar por lo sucedido en estos días, NASCAR será la única que pueda hacerlo. El cómo ya está claro.