October 2008 - Artículos

Este fin de semana Juan Pablo Montoya estará por partida doble en Texas. La última vez que el colombiano se subió a un auto de la Nationwide y de la Copa Sprint en el mismo escenario fue en Watkins Glen el año pasado, fecha memorable por la gresca con Kevin Harvick - en la máxima división por supuesto.

Este sábado se subirá al auto 40 de Ganassi en la segunda división, reapareciendo casi un año después en esta serie para tomar esta carrera como preparación para lo que será un ocupadísimo final de temporada en Homestead, donde conducirá el 42 tanto sábado como Domingo en lo que será su carrera de casa, pues Montoya está radicado en Miami.

Será interesante verlo ya con más de un año de experiencia abordar de nuevo la Nationwide, además con un auto que relativo al que tiene en la Copa Sprint, le debe dar la posibilidad de rodar con menor dificultad cerca de la punta. Trabajará no con Brad Parrot como jefe de mecánicos, sino con Steve Lane.

Pero igualmente intrigante resulta lo que pueda hacer Montoya este domingo después de la buena exhibición en Atlanta, donde se escapó por lo menos un top-10, aunque creo que por lo que tenía entre manos el equipo, se pudo haber escurrido por entre los dedos un top-5.

Por primera vez en mucho tiempo, Montoya tuvo un buen auto durante toda la carrera. Más importante que eso, el auto fue mejorando con el paso de las vueltas y cuando apareció la octava bandera de precaución del día de un total de diez, el colombiano se ubicaba quinto, lo más arriba que rodó en las 302 vueltas que completó de 325.

Algunos cuestionarán la decisión de Brian Pattie de llamar a Montoya a pits, cuando los cuatro autos que estaban por delante se quedaron en la pista. Faltaban unas 27 vueltas para el final, el auto no iba nada mal, asi que ¿para qué entrar y arriesgarse a un incidente al caer en el orden a la parte media del grupo?

Montoya tras el toque en pits con Bowyer, que puso punto y coma a su carrera – el punto final vino un puñado de vueltas después en el choque de Burton con Blaney – cayó al puesto quince. Era el último en la vuelta del lider. De no haber chocado con el 07 del RCR, habría asumido el reinicio cerca del puesto diez o inclusive más adelante.

A la hora de juzgar en retrospectiva si fue o no un error por parte de Pattie llamar a pits a Montoya, hay que recordar lo que pasó unas vueltas más adelante en la última bandera de precaución. Jimmie Johnson entró a pits siguiendo el llamado del infalible Chad Knaus, puso cuatro llantas nuevas y en ocho vueltas pasó de undécimo a segundo.

Eso era lo mismo que quería hacer Brian Pattie y por eso Montoya al retirarse de la carrera no hizo otra cosa que avalar la decisión de su jefe de mecánicos, que tristemente terminó siendo el primer paso hacia el choque con Bowyer.

¿Mala suerte o error del spotter Tab Boyd? No lo sé, ni tampoco importa ya. Pero Montoya y Pattie querían más que un top-5. Si habrían podido hacer lo de Johnson o no, tampoco lo sabremos, pero esa era la decisión correcta, además anticipada unas vueltas para darle más giros al colombiano para ganar posiciones.

Texas y Atlanta son pistas hermanas, aunque no gemelas. Sin embargo cuando Montoya fue quinto en Atlanta el año pasado – logrando su primer top-5 en la Copa Sprint – luego fue octavo en Texas.

Además, en los últimos tres años, el ganador de la segunda fecha en Atlanta, ha ganado ocho días después en Texas. Es decir, algo tienen en común estas pistas más alla de tener la misma forma y el mismo peralte.

Por eso espero la llegada del domingo para que ojalá Montoya y Pattie tengan la oportunidad de poner en el papel el buen resultado que se les escapó la semana pasada. Lo necesitan porque este año ha sido todo menos el que Ganassi y su piloto esperaban.  

Ya lo ve venir Cale Yarborough, triple campeón de la Copa Sprint de NASCAR y el único piloto en haber encadenado tres coronas en años consecutivos. Ni Petty, ni Earnhardt lograron más de dos en serie, algo que si hizo el de Timmonsville, Carolina del Sur. Para  él esto ya está hecho y Johnson logrará 30 años después, igualar su marca con un tercer título.

“Por supuesto en la primera parte de la temporada las cosas no pintaban muy bien para Jimmie,” dijo este Lunes a sus 69 años, después de haber visto al Californiano dominar en Martinsville. “Sin embargo él siempre es más fuerte al final de la temporada.

“Ya está escrito ya en los muros. Va a suceder. Y si se da, entendiendo que yo fui el héroe de infancia de Jimmie, así que si lo hace, bien por él.”

Las palabras de Yarborough seguramente resultarán proféticas en Homestead, si no antes. Johnson se ha ido de Martinsville con un abultado colchón en los puntos: 149 exactamente. Eran 69 los que tenía de ventaja después de Lowe’s, así que por cuenta de su sexto triunfo del año y su quinto en el óvalo de media milla, más que duplicó esa ventaja en un solo fin de semana.

Por supuesto tuvo la complicidad de un Burton  y un Biffle venidos a menos. El primero quedó fuera del top-10 por primera vez en este Chase. Un auto desbalanceado y dramas en pits en el momento decisivo de la carrera arruinaron su día, mientras que el “Biff”  creyó haber limitado los daños en el campeonato con un puesto doce que sabe a derrota ante el tercer lugar de su compañero de equipo Carl Edwards, quien aunque no se acercó a Johnson, si se puso más cerca de lo que podría ser la lucha por el subtítulo.

Se vienen pistas en las que Johnson debería ir  muy bien de nuevo. Aunque en Atlanta no brilló en el mes de Marzo, por ese entonces aun estaba decifrando la puesta a punto del auto con Chad Knaus en los óvalos de milla y media. Ese tema ya está solucionado en buena medida, así que de nuevo debe ser un rival por el triunfo. En Texas estuvo en punta también en la primavera y en Phoenix ganó con estrategia de combustible. Además en esas tres pistas ganó el año pasado en el Chase.

Son demasiadas razones estadisticas y lógicas, las que llevan a pensar que de no tener problemas, por ahí un accidente o una falla mecánica, Johnson y su meticuloso y científico jefe de mecánicos están a un paso de renovar su título. En este momento parecen imbatibles, un poco como Kyle Busch previo al Chase, pero de una forma más controlada y con una sincronía perfecta en el trabajo de cada miembro del equipo No. 48.

Hoy en día el éxito en la Copa Sprint va más allá de un buen piloto o jefe de mecánicos. El talento que ha logrado reunir Rick Hendrick en su equipo es lo que les ha llevado donde están. El demorarse esa décima de segundo menos en cambiar una rueda, el hacer el ajuste adecuado en los reglajes, el saber como conjunto sobreponerse a situaciones desventajosas, son cosas que cuentan mucho en una categoría tan competida.

Esa es tal vez la gran diferencia entre la Copa Sprint de hoy y la de hace 30 años que ganó Yarborough entre 1976 y 1978 pilotando para el moonshiner Junior Johnson, gran piloto y luego exitoso propietario. En esa época tal vez el piloto pesaba más y el equipo proporcionalmente menos. Por supuesto que sin un buen auto, por más piloto que seas, no vas a ser campeón, pero la NASCAR de hoy día es más un deporte de conjunto que en ese entonces. No es casualidad que el Chase lo acaparen los cuatro mejores equipos.

Yarborough por supuesto cree que en su época lograr tres títulos consecutivos era mucho más difícil que en la actualidad. Eso es discutible porque tal vez hoy las diferencias son mucho menores y hay más equipos y pilotos con opción de ganar. Si es cierto sin embargo, que en esa época se jugaban más la vida.

“Es algo muy difícil de conseguir,” dice Yarborough sobre las tres coronas consecutivas. “Yo creo que fue más difícil en mi época porque había que correr contra todos en ese entonces,” dice refiriéndose al formato del Chase, que ahora limita a doce el número de pilotos que pelean por el título al final de la temporada.

“Me pregunto porqué pasó tanto tiempo antes de que alguien ganara de nuevo tres en serie. Pasaron muchos años. 30 años es mucho tiempo, pero me hizo feliz tener la marca por tanto tiempo.”

La respuesta al interrogante de Yarborough es clara a mi parecer. Encontrar la combinación perfecta para vencer es más difícil hoy día. Se tienen que poner juntas muchas más cosas que en los setentas, pero Hendrick dio con una fórmula ganadora que está haciendo historia.

Vaya carrera que vimos el domingo pasado en Talladega. Como siempre emocionante de principio a fin, si bien el grupo de autos quedó reducido casi a la mitad después de dos accidentes grandes, el último de ellos a quince giros del final y ocasionado por una mala maniobra de Carl Edwards, quien hizo moñona y eliminó al 60 por ciento de su equipo de la carrera. Doce autos quedaron allí involucrados, entre ellos los tres principales de Roush y por supuesto Juan Pablo Montoya.

El Big One no dejó escapar a Juan Pablo y a último momento su compañero de equipo Reed Sorenson – fuera de control tras golpearse con otro auto – rebotó contra el 42 enviándolo contra el muro. “¿Dónde está el 41?” preguntó Montoya un par de veces por la radiocomuniación durante la carrera previo al accidente. Irónicamente el auto rojo de Target fue lo último que vio antes de manejar de regreso a pits para irse con las manos vacías en un día en el que tuvo con qué aspirar a ganar.

“Hay un par allá afuera que necesitan aprender como golpear,” dijo Dale Earnhardt Jr refiriéndose al bump drafting después de retirarse de la carrera y tras haber quedado eliminado en el mismo incidente que Montoya. “Algunos te golpean por detrás demasiado fuerte, tanto que te enoja. Otros sabemos como hacer ese bump draft realmente bien, lo hacemos como es y por eso nos gusta trabajar juntos. Juan y yo la pasamos increíble trabajando juntos.”

Aunque en el papel Montoya no terminó, fue clasificado 25, lideró la carrera en dos ocasiones y durante nueve vueltas, las palabras de Dale Jr son más que un premio de consolación, un aval del buen trabajo hecho por el colombiano. Dale Jr ha ganado en Talladega más que en ninguna otra pista, e igual sucede con su legendario padre. La de Alabama es la pista Earnhardt por excelencia y si uno con ese apellido habla como lo hizo Junior de Montoya, es porque algo tuvo que haber hecho muy bien. Chapeau para Juan.

Pasando la página, el tema del poscarrera en Talladega fue el polémico final, que en un primer instante pareció darle el primer triunfo de su carrera en la Copa Sprint al novato Regan Smith, pero que segundos después terminó siendo el fin de la sequía de victoria para Stewart, uno de los doce que está peleando el título.

Muchos aficionados de NASCAR en todo el mundo seguramente alguna vez habrán escuchado antes el nombre de Smith, otros nunca y algunos lo confundirán con David Ragan. Lo que es cierto es que el nombre de Stewart gana en popularidad ante el del novato, que a jucio de varios expertos no hizo otra cosa diferente a lo que habría hecho cualquier otro en su lugar en esa última vuelta en Talladega.

En la reunión de pilotos previa a la carrera, a los pilotos se les advirtió sobre el no adelantar por debajo de la línea amarilla. Sin embargo, también se les dijo que así como se sancionaría una maniobra de ese tipo, lo mismo ocurriría con quien efectuara bloqueos a un rival que estuviera intentando sobrepasarlo. Smith hizo lo primero evidentemente, pero Stewart de forma menos obvia pero a mi modo de ver clara, hizo lo segundo. ¿Fue primero el huevo o la gallina? Creo que sin el bloqueo del 20, Smith habría tenido más opciones. Las que tenía en esos últimos metros de carrera eran:

1. Pasar por abajo de la línea amarilla.
2. Chocar a Stewart.
3. Soltar el acelerado (si es que esta última se puede consisdera como opción para un piloto que estaba viendo de cara la victoria por primera vez.)

Pero aunque para muchos fue obvio que Stewart se movió a la derecha y luego a la izquierda, lo cual para mí constituye un bloqueo claro, para NASCAR no hubo tal y Smith no se vio forzado en ningún momento a ir por abajo de la línea amarilla. Estas interpretaciones son las que se prestan para pensar que aunque hay una regla tácita, no la hay realmente. Las reglas tienen que ser blanco o negro, definitorias. Si mide 2 milímetros, mide eso, o no mide eso. Para eso son las reglas. Sin embargo en este caso, lo regla de la línea amarilla es vaporosa. No está escrita en ningún reglamento, ni es consistente en las tres series nacionales.

Jimmie Johnson admitió después de la carrera que él tenía claro que en la última vuelta él podía ir por cualquier parte de la pista si veía la bandera a cuadros; ahí todo valía. Ese era el run-run entre los pilotos desde el mismo sábado, sobretodo porque en la carrera de camionetas hubo varias maniobras también polémicas  y que crearon ciertas dudas. También algunos recordaron que en Febrero del año pasado, Johnny Benson quedó segundo en Daytona pasando por debajo de la línea amarilla en la última vuelta y no pasó nada.

Greg Biffle por su lado dijo en un programa de la cadena hermana Speed en inglés el Lunes, que a Smith le robaron la victoria. Según el piloto de Roush, Smith debió haber chocado a Stewart y ocasionado un gran accidente cuando el 20 le cerró la puerta por segunda vez. De esa forma no habría bajado de la línea amarilla, o tal vez si, pero chocando el auto de ‘Smoke’.  Habría sido un final caótico, pero el tema no habría sido la línea amarilla.

Por eso para no crear ambigüedades, las reglas deben estar escritas, como los diez mandamientos. De lo contrario, dejan de ser reglas y se convierten en sabiduría común, es decir en una verdad relativa, que depende del quien y del cuando.

Hace un año vivimos en Talladega la primera carrera en un superóvalo con el nuevo auto de la Copa Sprint de NASCAR. Los pilotos descubrieron que esta máquina creaba un hueco en el aire mayor al auto de especificación anterior y además, hacer el famoso bump-drafting resultaba bastante fácil porque el paragolpes delantero del auto que empuja concide perfectamente con el trasero de quien está adelante. Esto no pasaba con el auto antigüo con el cual una maniobra de estas mal calculada, inclusive en línea recta, podía hacer que quien iba atrás literalmente levantara la parte trasera del auto que iba adelante, como puede pasar hoy día en la Nationwide.

Esa novedad hizo que en Octubre del año pasado muchos pilotos se mostraran temerosos de estar en el lote principal de autos, pues veían en prácticas que sus colegas se habían tomado demasiada confianza a la hora de golpear por detrás. Sobretodo los pilotos del Chase en ese entonces, prefirieron correr casi toda la tarde a no correr, simplemente a dar vueltas desprendidos del grupo para evitar el Big One. Luego esperaron la última bandera de precaución y ahí si manos a la obra. Gordon terminó llevándosela por segunda vez en el año en territorio Earnhardt para desconcierto de los aficionados locales y no locales que vestían aún de rojo y tomaban Budweiser, no Pepsi.

La carrera de la primavera de este año mostró ya cierta evolución y un espectáculo mucho mejor que el que vimos hace 12 meses. También es cierto que  a esa altura del año, apenas en la novena fecha, la capacidad de asumir riesgo en términos del campeonato era mucho mayor porque quedaban demasiados puntos y carreras por disputarse. El ganador fue Kyle, quien se la llevó en gran parte con ayuda de un Juan Pablo Montoya que alcanzó a oler su primer triunfo en óvalo en la que fue su primera carrera con Jimmy Elledge como jefe de mecánicos, algo que resultó ser a mi parecer una coincidencia que hizo ver muy bien al cuñado de Earnhardt – está casado con la hermana de Dale Jr.

Sin embargo Talladega, de todas las pistas, es probablemente en la que menos influencia tiene el jefe de mecánicos a mi modo de ver. Las curvas con 33 grados de peralte se toman con el acelerador a fondo con un auto bueno o no muy bueno, así que el trabajo que hay que hacer previo es de preperar un motor potente pero que aguante,  verificar en el túnel de viento que el auto aerodinámicamente va bien y está dentro de las reglas y en pista asegurarse de no usar un camber excesivo que reviente llantas como le pasó a Carl Edwards este año. Además el trabajo en pits tiene menos importancia que en otras pistas porque en Talladega en una vuelta se pueden fácilmente ganar o perder cinco posiciones, o más.

Pero ya cuando se baja la bandera verde es tema del piloto y su spotter encontrar los espacios en el grupo y crear las sociedades que sean del caso para trabajar y llegar a la cabeza cuando cuenta, es decir en la última vuelta, la número 188.

Así que aunque no lo parezca por la relativa simpleza del trazado, esta es una pista en la que la habilidad del piloto pesa más que en otras y no es coincidencia que al mirar la lista de ganadores allí se encuentre uno a los mejores de todos los tiempos. Más allá de la habilidad conductiva  pesa la habilidad competitiva, la de saber donde poner el auto y en qué momento para pasar primero la meta. Es la misma habilidad que llevó a Montoya a ganarle un histórico mano a mano a Michael Andretti en Michigan en el 2000 (http://www.youtube.com/watch?v=K5AoTROb0H0&feature=related) en el entonces conocido como campeonato CART. Allí llevar el auto a tope no era tan difícil como saber juzgar en qué momento ir por adentro, por afuera, cuando intentar pasar o cuando mejor dejar pasar.

Por eso pienso que esta es de las carreras que se le dan bien a Montoya, porque depende más de él mismo que del equipo y no necesita el mejor auto para estar adelante. No lo tenía cuando fue segundo este año. A diferencia de hace un año ya sabe que su compeñero de equipo no va a trabajar con él, y podrá tal vez de nuevo asociarse con esos como Kyle, Hamlin o Stewart, quienes como él, van por todo o nada.

¡Que llegue rápido el mediodía del Domingo!

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