Finalmente Chevrolet tiene su primera victoria de la temporada en la Copa Sprint y llega justo en uno de los fines de semana más turbulentos para General Motors, dueña de la marca del corbatín. Poco antes de que Jimmie Johnson cruzara la meta al frente en Martinsville, tras un típico sobrepaso de “pega y sigue” a Denny Hamlin, la administración Obama pedía la renuncia de Rick Wagoner, presidente de la compañía y amigo de la NASCAR.
La nueva cabeza de la GM, Frederick Henderson, habló este martes de más recortes para poder cumplir con un programa de reducción de costos que esté acorde con lo que espera el gobierno. Esto después que le fueran desembolsados varios billones de dólares al gigante de la industria automotriz para mantenerlo respirando a pesar de sus graves heridas financieras que han llevado a pensar inclusive en la bancarrota, escenario que + sería temible por el impacto que podría tener sobre NASCAR. Por ahora no se ha tocado el tema de que los recortes incluyan el programa de competición y es probable que eso se mantenga así.
Pero volviendo a las pistas, fue aplastante el dominio del Hendrick Motorsports el domingo pasado. Ganaron la carrera, sus otros tres autos quedaron todos entre los diez primeros, y si a eso le sumamos que los dos Stewart Haas también quedaron en el top 10, tenemos no cuatro sino seis autos con chasis y motor Hendrick, dejando apenas cuatro lugares para que se los repartieran entre otros equipos, incluyendo las otras tres marcas. No creo que sea coincidencia semejante resultado. Los autos de Hendrick tienen algo que los hace ir muy bien en esta pista. Los pilotos hicieron lo suyo, pero tenían con qué.
Inmejorable forma para el señor de la gran H de celebrar el aniversario 25 de su primer triunfo. Esta vez no tuvo que llamar por un teléfono público tras salir de una misa a la que le prometió ir a su esposa Lisa, para saber la suerte de sus autos. “No me pude tomar una foto con (Geoff) Bodine en 1994,” dijo Hendrick recordando ese primer triunfo. Esta vez si celebró en Victory Lane la que fue su victoria número 176 en la máxima división de NASCAR, a lo cual le agrega que su otro piloto estrella, Jeff Gordon, es el lider del campeonato y además su piloto celebridad, Dale Earnhardt Jr, consiguió su mejor resultado de la temporada.
Tras haber tenido la oportunidad de visitar varios equipos de NASCAR durante el frío mes de Enero en un recorrido que hice por Charlotte, pude entender en parte porqué el Hendrick Motorsport es lo que es en este momento. El equipo además de ser un modelo deportivo, es un modelo de negocio, de empresa. “Nuestro principal activo es la gente,” me decía en esa ocasión Rick Hendrick, y se entiende. Gente como Johnson, Gordon, Kanus, etc… Lo que no se ve desde fuera es además toda la gente no buena sino excelente que hay al interior del equipo y que pasan como anónimos a pesar de ser también instrumentales en el éxito de la compañía.
Recuerdo de nuevo las palabras de Max Papis, piloto de pruebas de Hendrick, quien me decía en Homestead el año pasado que “en el equipo además de Knaus hay diez o más ingenieros que pueden ser el mejor jefe de mecánicos de los garajes de la Copa Sprint.” Él ha pasado por mucha categorías y equipos, incluyendo la Fórmula Uno, así que sabe lo que dice. Si Hendrick hubiese nacido en Inglaterra, tal vez habría sido tan exitoso en la máxima como lo ha sido en NASCAR. Él no solamente sabe identificar el talento en pilotos, ingenieros o mecánicos, sino que además sabe como ponerlos a trabajar juntos. Un poco lo que en el pasado otros no han conseguido en diferentes disciplinas como el fútbol, donde un equipo lleno de talentos individuales no necesariamente golea a su rival cada 90 minutos.
Pero bueno, están Roush, Gibbs y Childress para seguir dando la batalla, más allá del duelo que se empieza a perfilar ya entre Gordon y Johnson.
Dos consideraciones finales. La primera, la actittud de Kyle Busch el lunes en la carrera de camionetas. Chocó el muro a propósito para intentar aplanar la carrocería de su camioneta durante una neutralización y se olvidó de la “línea de compromiso” que cuando se pasa, obliga a entrar a pits. Él obviamente no entró, pero los comisarios lo sancionaron y lo hicieron entrar. Finalizada la carrera se bajó del auto, avento casco y HANS como un niño aventando los juguetes, y salió corriendo como buscando a su mamá. En días como ese es que la imagen de próximo campeón del menor de los Busch se torna borrosa.
La segunda consideración sobre Juan Pablo Montoya. Me gustó verlo lucharla cuando parecía que su carrera estaba ya perdida. Sinceramente pensé que terminaría al menos dos vueltas abajo pues en un momento llegó casi hasta el puesto 30, pero peleó por volver a la vuelta del lider, se le dio a unas veinte del final y cruzó la meta cerca de marcar otro top 10. Una lástima que se hubiese perdido tanto en el segundo cuarto de carrera, pero a veces hay que dar un paso atrás para dar dos adelante. Viene Texas, donde su mejor actuación fue un octavo puesto en su primera visita en la Copa Sprint, su segunda en NASCAR después de haber corrido allí por primera vez en 2006 en la Nationwide.
¡Hasta el domingo!