Para quienes hemos seguido a través de los años la carrera deportiva de Juan Pablo Montoya, Indianapolis es más que el escenario con mayor historia en el automovilismo de los Estados Unidos. Desde que puso un pie allí por primera vez, el Indianapolis Motor Speedway ha marcado momentos claves para el colombiano, unos muy buenos e inolvidables, otros desafortunados y otros polémicos. Pero siempre que ha estado en pista, sea en el óvalo o en el circuito creado para la Fórmula Uno, ha dejado huella su paso.
Hace 10 años estuve en Indy por primera vez, la única en la que no estuve siguiendo a Montoya. Estuve presente para ver las 500 Millas de Indianapolis, aunque por problemas de, digamos logística, llegué cuando la carrera ya iba por las 250 millas. Vi ganar al sueco Kenny Brack, quien años después condujo para Chip Ganassi y tendría luego un pavoroso accidente en Texas del cual salió vivo de milagro. Más allá del evento, estar allí por primera vez fue como para un fan del Real Madrid poner un pie en el Santiago Barnabeu. Electrizante.
Al año siguiente, en 2000, viví tal vez una de las visitas a Indy que más recuerdo. Esta vez si estuve allí varias semanas, trabajando y no como aficionado. Seguí los entrenamientos, clasificaciones y luego las 500 Millas en las que Montoya corría por primera vez. La facilidad con la que ganó una competencia que en el pasado le había sido esquiva varias veces a Roberto José Guerrero, fue aterradora. La semana siguiente a ese triunfo, la Fórmula Uno empezaba a sentir la esperada llegada del colombiano, quien era el campeón reinante de la entonces conocida como CART.
En ese mismo año hice una segunda visita a Indy en Septiembre, cuando la Fórmula Uno regresaba a los Estados Unidos después de varios años para correr en el templo de la velocidad en Norteamérica. Pero el hecho más relevante para mí en esa ocasión era el anuncio que se hacía de la llegada de Montoya la Fórmula Uno. Allí se oficializó que correría para el BMW Williams al lado de Ralf Schumacher en 2001, reuniéndose con el equipo que había dejado en 1998, cuando era probador mientras se coronaba en la Fórmula 3000. El anuncio coincidió además con su cumpleaños 26.
Un año después volví a Indy para su primer Gran Premio de los Estados Unidos en el que sobrepasó por el liderato a Michael Schumacher al final de la recta e hizo vibrar las tribunas llenas de colombianos, antes de retirarse con una falla hidráulica. Como premio de consolación, le quedó la vuelta más rápida en carrera. En 2002 la imagen que quedó en la memoria fue el toque entre los dos Williams al final de la recta cuando Montoya sobrepasaba a Ralf en la segunda vuelta de carrera. A pesar del incidente, terminó cuarto.
En 2003 Juan Pablo visitó Indy en dos ocasiones. La primera el 11 de Junio, antes del Gran Premio de Canadá, para conducir por primera vez en su vida un auto de NASCAR. Fue allí cuando intercambió de auto con Jeff Gordon y quedó impresionado con la potencia de la máquina, si bien los frenos y la dinámica de la suspensión estaban a años luz del Williams. Montoya se divirtió y puso el auto más cerca del óptimo de lo que lo hiciera Gordon con el FW25. Nunca se imaginó sin embargo, que cuatro años después estaría corriendo contra Gordon en la Copa Sprint en la Brickyard 400.
En Septiembre de ese mismo año vino el episodio más decepcionante que ha vivido Montoya en el escenario de la familia George. Estaba por terminar la temporada de la Fórmula Uno y Montoya era junto a Michael Schumacher y Kimi Raikkonen uno de los candidatos al título. Era segundo en el campeonato y casi que jugaba como local. Las tribunas estaban repletas de colombianos con banderas que convirtieron el escenario casi en un centro de adoración del bogotano. En la carrera las cosas no salieron, pues tras un toque de su Williams con el Ferrari de Barrichello en la curva 2, fue penalizado y perdió toda opción de ser campeón. Una decisión polémica de los comisarios y que dejó a Schumacher a un punto de su sexto título.
En 2004 Montoya regresó en su último año con Williams, pues ya había firmado desde el mismo 2003 con McLaren. De nuevo la carrera fue para olvidar. A último momento le dieron la orden a Juan Pablo de salir de su auto en la formación de partida, antes de iniciar la vuelta de formación. Luego de correr casi toda la carrera en el auto de reserva y de haber hecho una gran recuperación, lo descalificaron porque cuando dejó su auto en la grilla estaba fuera del tiempo límite para hacerlo. Otra vez sancionado y venía de una descalificación en Montreal la semana anterior por culpa de unos ductos de refrigeración de frenos que estaban fuera de las medidas límite.
En 2005 se presentó con McLaren Mercedes, fue el más rápido en tres de las cuatro sesiones de entrenamientos, pero en últimas fue uno de los catorce autos equipados con llantas Michelin que entró a los pits en la vuelta de formación y no tomó parte de la carrera, en esa infortunada y mal manejada debacle de la llantera del Bibendum.
Un año después Montoya regresó en medio de una temporada que no iba nada bien, no solamente por los resultados deportivos, sino porque su futuro en la categoría no era claro. La semana anterior a Montoya ha había conversado con Ganassi sobre manejar el 42 en la Copa Nextel de NASCAR. Ya en carrera, en la misma curva donde perdió toda opción de título tres años antes, Montoya tocó el otro McLaren de su compeñero Kimi Raikkonen cuando peleaban por posición, ocasionando un accidente múltiple que los dejó fuera de carrera a los dos y a otros tres autos. Esa fue la escena final de su paso por la Fórmula Uno.
En 2007, en su primera vez en esta pista desde que dejó la máxima, partió en primera fila y terminó segundo detrás de Tony Stewart, conduciendo el Texaco Havoline Dodge número 42, resultado que se mantiene junto a su segundo lugar en Talladega el año pasado como lo mejor en un óvalo en la Copa Sprint a nivel estadístico.
El año pasado fue el primer auto al que le explotó una llanta en la debacle de Goodyear y no cruzó la meta por los daños generados por los trozos de la banda de rodamiento de la trasera derecha.
Mucho para recordar. Unos episodios para sonreir, otros para rabiar y otros para llorar.
Pero la historia de Montoya en Indy no acaba y un nuevo capítulo de este libro se escribirá este fin de semana. En principio los buenos recuerdos vendrán a la mente al ver el diseño de pintura retro que conmemora el triunfo que Montoya, Ganassi y Target obtuvieron juntos en las 500 Millas de Indianapolis hace nueve años.
No resulta descabellado pensar que como entonces, la última milla que recorran sea camino a Victory Lane, aunque nadie puede garantizar que así sea. Lo único seguro es que en esta historia de amores y odios, este fin de semana no pasará intrascendente para Montoya.